¿Por qué brindamos?

¿Por qué brindamos? ¿De dónde viene ese signo de camaradería? Alcohol mediante, porque hacerlo con agua trae mala suerte. Ciertamente no se sabe cuál es el verdadero origen del brindis. Hay hipótesis, muchas, y casi tantas respuestas como preguntas. Sin embargo, parece ser que existen tres o cuatros teorías más verídicas que el resto. (Del aleman “bring dir’s”, yo te lo ofrezco).

La primera de ellas apunta a los griegos, cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo. Los banquetes solían iniciarse por aquel entonces con una ceremonia en la que el anfitrión levantaba su copa, la mostraba a sus invitados, bebía y, siguiendo este proceso, demostraba a sus invitados que el vino estaba libre de sustancias venenosas. No es de extrañar esta desconfianza ante quienes, en tantas ocasiones, conspiraban contra sus más cercanos para medrar en política o en los negocios siguiendo una estrategia de mercado bastante reprobable: eliminar a sus competidores. Beber en compañía significaba comprometerse; el brindis, sellar el pacto. Años más tarde, los romanos copiaron esta costumbre.

De la época de la Antigua Roma y la Antigua Grecia también nace la teoría de que, debido a la frecuencia y la afluencia de banquetes o fiestas, tal era la magnitud que los asistentes, si pretendían ser servidos, tenían que alzar y golpear su copa para llamar la atención.

Para encontrar otra hipótesis consistente debemos avanzar más de mil años, aunque el leitmotiv siga siendo igual de vil: el envenenamiento. Tan frecuentes eran las tentativas de asesinar al enemigo en banquetes o fiestas que, para comprobar si una copa estaba envenenada o no, se implantó el brindis con choque. El que deseaba prosperidad debía ser sincero, o bien su bebida salpicaría al de al lado con el resultado que todos podemos imaginar. Si no bebían, había gato encerrado.

Llegamos al siglo XVI. Carlos V vence al enemigo en Roma. Toman la ciudad y la saquean, algo imprevisto. Esto último no fue del agrado de Viso, un testigo del suceso, y fue Lactancio, caballero mancebo de la corte del Emperador, quien reaccionó explicándolo que todo aquello de robar hasta la última moneda fue por obra y gracia de Dios. Por el bien de la Cristiandad. Tras la victoria, los altos mandos llenaron sus copas, las levantaron con la vista puesta en el horizonte y pronunciaron esa frase de la que todo viene: “bring dir’s”. Yo te lo ofrezco.

Sea cual sea, brindemos, deseemos salud y disfrutemos del Embrujo de Granada.

(Fuente original: http://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/por-que-se-chocan-las-copas-al-brindar/)

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